EL TELÉFONO MÓVIL COMO ASUNTO ESTRATÉGICO
- Alexander Rojas

- 22 ene 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 27 ene 2020
El universalismo ha tenido en el acceso el mejor argumento para instalarse en el centro de la relación sujeto/tecnología. Hacer de las nuevas tecnologías un objeto disponible para todos y con ello mejorar la calidad de vida de los ciudadanos ha sido la promesa de la sociedad de la información. Esta construcción del imaginario occidental ha permitido ocultar las complejas disparidades presentes en la relación entre el acceso, el uso y los usuarios, y según a qué tipo de tecnologías se vinculen.
La naturaleza del concepto “acceso” se ha instrumentalizado en función de los propósitos de la política pública y de los objetivos de la estrategia comercial, acentuándolo por sobre el resto de los componentes del proceso de adopción, siendo asociado como garante de la inclusión digital y la conectividad como el cordón umbilical. El acceso no es sólo la posibilidad de sostener en nuestras manos un pequeño dispositivo tecnológico y de apretar la tecla verde “send-talk”. Se trata de un asunto que forma parte de la dinámica de la adopción y aprobación y, por consiguiente, de la posesión y de sus usos posibles.
Es importante entender que el “acceso” no es un fin en sí mismo, sino que forma parte del circuito total de apropiación de la tecnología móvil, ya que es, perfectamente posible, que nos encontremos en algunos casos, con usuarios que tienen acceso y usan el móvil, pero no tienen posesión;
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igualmente, se puede tener posesión y no usar; es posible no tener posesión y acceder; no acceder y no usar; o bien, tener acceso y no usar. Estas combinaciones pueden parecer sutiles, pero tenerlas lo bastante despejadas, nos permitirán saber qué tipo de relación se incuba entre dispositivo móvil y usuario.




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